LA MALDICIÓN DEL DRAGÓN AMARILLO
Hoy continúo narrando la película que me impresionó tanto. Todo ocurre en el siglo 829 AC. En el palacio imperial, inmenso, viven el emperador, la emperatriz y tres hijos varones. Además de cientos y cientos de sirvientes, camareras, guerreros y otros que deben estar al servicio de los monarcas.
Se nota mucha tirantez entre el emperador y su esposa ( ella es esa actriz que actúa en casi todas las pelís orientales, es la que estuvo en Miami Vice rodada en Ciudad del Este, recuerdan?). El emperador, con la complicidad del médico de la corte, está envenenando a su esposa. Le hace beber un te a cada hora y ese te tiene hongos negros hervidos que son mortales. El emperador es malísimo e idéntico a Moncho Azuaga, que me invitó a tomar un te con él, no pienso ir.
¿Porque quiere matar a su esposa se monstruo? Porque le han contado que ella tiene relaciones (sexuales) con su hijo mayor. Pero que no es hijo de ella, porque el emperador para casarse con ella dijo que era viudo y que tenía un hijo, que es el príncipe Yu. En ese `palacio es difícil guardar secretos, los sirvientes son muy chismosos y no hay paredes separando las recámaras, solo unas hermosas cortinas de cuentas que permiten ver lo que pasa en todas partes. Eso si, en cuanto a transparencia, los chinos son transparentes.
Pero el príncipe Yu está muy arrepentido de traicionar la confianza de su padre y decide ir a vivir a un palacio lejano, entretanto tiene un romance con una camarera real, muy joven y bella, vendría a ser como la Larissa y la emperatriz, sería la Zuni.
De los otros dos hijos, que si son de la pareja real, el segundo hijo varón es nombrado heredero del trono y regresa de un lugar adonde había ido para aprender el arte de guerrear, para hacerse hombre. El adora a su madre. El menor, el príncipe Fan o Wa, no recuerdo bien, observa, pero no tiene ni voz ni voto.
Está por llegar la fiesta del crisantemo amarillo, la emperatriz ha bordado cientos de esa flor, ella está envuelta en una rebelión para derrocar al emperador y los conjurados deben llevar la flor pegada a sus ropas, para distinguirse de los leales al emperador.
La emperatriz descubre que Yu tiene amores con al camarera, que es la hija del médico de la corte y también es la que le trae para beber, a cada hora, el te envenenado que le obliga a tomar su esposo.
La emperatriz hizo llamar a una experta en pócimas y venenos para que analice el te, y esa mujer le confirma que contiene el poderoso veneno del hongo negro. Esa mujer, es la esposa del médico de la corte y madre de la camarera, al ver a Yu, ella lo sigue, Yu la descubre y cuando va a matarla llega el emperador y la salva. La lleva a sus aposentos y la mira bien, hasta que la reconoce: es su primera esposa, la madre de Yu, a quien él había hecho pasar por muerta y a la que en realidad había enviado a la cárcel. Cuando el emperador sabe lo que sucedió con su primera esposa, llama al médico de la corte y le dice que premiará sus desvelos, lo nombra gobernador de una provincia lejana, le ordena que deje la corte de inmediato que se lleve a su esposa y a su hija.
MAÑANA CONTINUARÁ.
Escritora paraguaya
viernes, 26 de octubre de 2012
viernes, 24 de junio de 2011
¿Recuerdan a Lady Di?
Ella murió no hace tanto y la recuerdo muy bien porque la vi de cerca en una de esas ocasiones únicas que nos ofrece el periodismo, como fue la de viajar a las cataratas para verla y tratar de hablar con ella.
La agencia publicitaria Turú invitó a grupo de peridositas a ir hasta Foz de Yguazú, viajamos en una van y al llegar nos alojamso en el Hotel Bourbon, en la ciudad brasileña. Un verdadero lujo. Íbamos tres o cuatro periodistas de la sección revista de cada medio escrito, fotógrafos y algún camarógrafo. Por supuesto que pasamos las 6 horas del viaje charlando como cotorras. Al día siguiente nos preparamos para verla, Maluli Vera, mi amiga que se afligía porque en su identificación decía Castalia Garbarino - era ese tipo de nombres secretos que todas la mujeres ocultamos- ella, pese a su verguenza se vistió como la Wallis Simpson con un trajecito pied de poule y salió caminando majestusoamente, ya se sentía una princesa más importnte que la Lady.
Antes de llegar a las cataratas propiamente dichas nos dieron unas clases de protocolo, impartidas por un funcionario brasileño, muy comeido él, que se ocupó de tratar de civilizar a esos plebeyos paraguayos ( nosotros).
La princesa y una dama brasileña estaban en ese balconcito frente a la caída más grande de todas las caídas. Una especie de verja baja separaba a la real princesa de los villanos fotógrafos -unos 40- que disparaban sus flashes sin detenerse, ante el mínimo gesto de Diana, quien hablaba con la brasileña como si estuvieran en una isla desierta. Ella era muy hermosa, estaba sonrojada por el sol.
Nosotros supimos que almorzaría en un hotel muy lujoso, ahí nomás a pasos de las cataratas. Fuimos y esperamos pacientemente a que saliera, para poder hacerle aunque más no sea unas preguntitas. Maluli y yo nos habíamos aproximado al mostrador de la gerencia, ella se había sacado la identificación y estaba tan elegante como una relacionista pública en un evento importante.
De pronto se corrió la voz: La princesa estaba bajando la escalera. Quedamos galvanizados, duros como estatuas de mármol. En ese momento comprobé la cancha de Diana. Caminaba con los ojos bajos, pero levantaba sus párpados ante cada funcionario del hotel y le estrechaba la mano, cuando estaba a punto de hacer lo mismo con Maluli, reaccionó, alguna voz interior le sopló que la realeza guaireña no estaba al nivel de la suya. Después corrió al vehículo que la esperaba. Yo tuve tiempo de admirar su cutis atercipleado y su rostro perfecto.
Creo que muchas veces los famosos buscan esa fama desesperadamente, sucede con los artistas, con ella también pasó. Dió datos a la prensa para tenerla como defensora ante el drama del fin de su matrimonio.
Los paparazzi que la persiguieron en su noche fatal no fueron culpables de su muerte, ella los había dejado entrar en su intimidad y pagó un precio exhorbitante por ello.
La agencia publicitaria Turú invitó a grupo de peridositas a ir hasta Foz de Yguazú, viajamos en una van y al llegar nos alojamso en el Hotel Bourbon, en la ciudad brasileña. Un verdadero lujo. Íbamos tres o cuatro periodistas de la sección revista de cada medio escrito, fotógrafos y algún camarógrafo. Por supuesto que pasamos las 6 horas del viaje charlando como cotorras. Al día siguiente nos preparamos para verla, Maluli Vera, mi amiga que se afligía porque en su identificación decía Castalia Garbarino - era ese tipo de nombres secretos que todas la mujeres ocultamos- ella, pese a su verguenza se vistió como la Wallis Simpson con un trajecito pied de poule y salió caminando majestusoamente, ya se sentía una princesa más importnte que la Lady.
Antes de llegar a las cataratas propiamente dichas nos dieron unas clases de protocolo, impartidas por un funcionario brasileño, muy comeido él, que se ocupó de tratar de civilizar a esos plebeyos paraguayos ( nosotros).
La princesa y una dama brasileña estaban en ese balconcito frente a la caída más grande de todas las caídas. Una especie de verja baja separaba a la real princesa de los villanos fotógrafos -unos 40- que disparaban sus flashes sin detenerse, ante el mínimo gesto de Diana, quien hablaba con la brasileña como si estuvieran en una isla desierta. Ella era muy hermosa, estaba sonrojada por el sol.
Nosotros supimos que almorzaría en un hotel muy lujoso, ahí nomás a pasos de las cataratas. Fuimos y esperamos pacientemente a que saliera, para poder hacerle aunque más no sea unas preguntitas. Maluli y yo nos habíamos aproximado al mostrador de la gerencia, ella se había sacado la identificación y estaba tan elegante como una relacionista pública en un evento importante.
De pronto se corrió la voz: La princesa estaba bajando la escalera. Quedamos galvanizados, duros como estatuas de mármol. En ese momento comprobé la cancha de Diana. Caminaba con los ojos bajos, pero levantaba sus párpados ante cada funcionario del hotel y le estrechaba la mano, cuando estaba a punto de hacer lo mismo con Maluli, reaccionó, alguna voz interior le sopló que la realeza guaireña no estaba al nivel de la suya. Después corrió al vehículo que la esperaba. Yo tuve tiempo de admirar su cutis atercipleado y su rostro perfecto.
Creo que muchas veces los famosos buscan esa fama desesperadamente, sucede con los artistas, con ella también pasó. Dió datos a la prensa para tenerla como defensora ante el drama del fin de su matrimonio.
Los paparazzi que la persiguieron en su noche fatal no fueron culpables de su muerte, ella los había dejado entrar en su intimidad y pagó un precio exhorbitante por ello.
domingo, 23 de enero de 2011
El placer de los años
Hace menos de dos años, Vanesa Manzur había creado un blog para mi, fui muy feliz al tener un sitio donde publicar mis opiniones. Solo un ex periodista sabe cómo se sufre al no tener un espacio donde poner en palabras lo que pensamos. Lo que sucedió con ese blog de Lita Pérez Cáceres, lo ignoro, pero se niega recibir otras publicaciones mías, por lo tanto he creado éste para el mismo fin.
Comenzaré en este bendito año de 2011 diciendo que me siento orgullosa de tener la misma edad de Plácido Domingo, quien la semana pasada ha recibido homenajes muy importantes por su 70 aniversario. Los merece sin duda. Bien distitna es la situación en Paraguay donde alguien que llega a lso 70 es mirado poco menos como un sobreviviente, un raro especimen de tiranosaurio, un VIEJO, en suma. Cosidero lógica esta actitud en un país donde la mayoría de la población (creo que el 70%) no llega a 30 años. Los jóvenes piensan que estamos ocupando un lugar que no nos corresponde. Hay desempleo, hay miseria y pobreza, y los septuagenarios que todavía trabajamos les impedimos ocupar un puesto que posiblemente merezcan. Pero no es culpa nuestra, de los mayores, en todo caso sería por una mala política de inversiones para crear más puestos de trabajo.
Por suerte para nosotros, los que ya supermos esas crisis producidas por el exceso de la testosterona y por el SPM, los menores aún no han decidio exterminarnos, como a las plagas. Seguimos durando y gozando el mismo sol y el mismo viento norte que gozan los quinceañeros.
Me gusta demasiado la vida para tener que abandonarla tan pronto.
Soy Lita Pérez Cáceres
Comenzaré en este bendito año de 2011 diciendo que me siento orgullosa de tener la misma edad de Plácido Domingo, quien la semana pasada ha recibido homenajes muy importantes por su 70 aniversario. Los merece sin duda. Bien distitna es la situación en Paraguay donde alguien que llega a lso 70 es mirado poco menos como un sobreviviente, un raro especimen de tiranosaurio, un VIEJO, en suma. Cosidero lógica esta actitud en un país donde la mayoría de la población (creo que el 70%) no llega a 30 años. Los jóvenes piensan que estamos ocupando un lugar que no nos corresponde. Hay desempleo, hay miseria y pobreza, y los septuagenarios que todavía trabajamos les impedimos ocupar un puesto que posiblemente merezcan. Pero no es culpa nuestra, de los mayores, en todo caso sería por una mala política de inversiones para crear más puestos de trabajo.
Por suerte para nosotros, los que ya supermos esas crisis producidas por el exceso de la testosterona y por el SPM, los menores aún no han decidio exterminarnos, como a las plagas. Seguimos durando y gozando el mismo sol y el mismo viento norte que gozan los quinceañeros.
Me gusta demasiado la vida para tener que abandonarla tan pronto.
Soy Lita Pérez Cáceres
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